martes, 22 de noviembre de 2011

El único con autoridad

Pocas veces en el fútbol argentino se vio una situación como la de ayer, cuando Juan Sebastián Verón logró que se bajen algunos hinchas violentos de Estudiantes que estaban subidos al alambrado, mientras se disputaba el encuentro frente a Banfield por la decimoquinta fecha del Torneo Apertura 2011.

  
J.S.Verón discute con los hinchas violentos.
El Capitán, emblema e ídolo marcó terreno, puso los puntos y sorprendió a todos con su gesto, y más aún cuando tuvo éxito. Pero no era ilógico. ¿Quién podría a negarse a cumplir las órdenes de la Brujita?,¿quién es capaz de tracionar a una leyenda viviente, de faltarle el respeto al apellido con más historia dentro de la institución Pincharrata?.

Nada justifica las 3 bombas de estruendo -una no prendió-, ni siquiera el estar perdiendo por 1 a 0. Tampoco la agresión que sufrío el arquero del Taladro Cristian Luchetti. Ya no sirven las alarmas, ya sonaron todas; se cansaron de advertir. Pero en el país del Todo Pasa, justamente eso; las cosas pasan y ningún actor con acceso a soluciones las ejectuta.

Las barras bravas son el cáncer del fútbol. Y como tal, deben extirparlo antes de que se siga expandiendo, sino ese juego que gusta tanto se va a morir. Pero como nadie toma una decisión categórica, las esperanzas se caen para ser recolectadas por los pocos optimistas que siguen soñando con un deporte sin violencia.

Quizá es hora de que los verdaderos hinchas demuestren el malestar que les provoca compartir un estadio con personas violentas. Tal vez es el momento de, independientemente del color de la camiseta del otro, dar el ejemplo que las autoridades no dan. El mismo que Verón nos enseñó ayer: Poner los puntos. A lo mejor el dejar de ir a la cancha hasta que no entre más ningún barra brava sea doloroso, pero peor es no poder ir por una posible suspención del escenario a raíz de acciones violentas generadas por gente que está destruyendo el fútbol y hasta el hecho más trágico -impulsado por estos mismos- que es el perder la vida en un estadio.