El pasado 30 de junio embarqué con el grupo #820 de Taglit Argentina hacia Israel. Era la primera vez que la temática del conflicto en Medio Oriente se mezclaba con el viaje. Tal es así, que
el nombre de la delegación fue: "Diplomacia Pública: Conflicto Árabe-Israelí", cuyos integrantes eramos; periodistas, sociólogos, abogados, politólogos e interesados en el tema. Nadie se imaginaba el ambiente que nos estaba esperando. Nadie.
Ni bien arribamos al aeropuerto de Roma, nuestra escala, pudimos acceder a internet y así a la información. Esa misma nos golpeó muy fuerte. Gilad Shaar (16 años), Naftalí Fraenkel (16) y Eyal Yifrah (19),
los tres chicos judíos que habían sido secuestrados hace 18 días en Cisjordania, fueron encontrados muertos. Los asesinaron fundamentalistas palestinos. El dolor que sentimos todos se manifestó en un silencio y algunos abrazos de consuelo.
Horas después de haber llegado, yendo para Tiberias -noreste de Israel-, nos informaron en el autobús que Abu Judair,
un chico palestino de 16 años y tan inocente cómo los otros tres, fue secuestrado y posteriormente asesinado por israelíes de extrema derecha en un acto de venganza. Las palabras dentro del #820 fueron: "¡Qué imbéciles!", "¡Animales!", entre otros insultos. Claramente,
repudiamos ese acto con la misma bronca y dolor que lo hicimos con los otros niños.
Asimismo, siendo un grupo de diplomacia nos encontrábamos dentro de un escenario hostil para nuestra concepción de la vida. Habíamos venido en busca de opiniones de ambos bandos para construir un pensamiento basado en la solución del conflicto entre Palestina e Israel. Pero, nos topamos con todo lo contrario.
Ahí estaba nuestro desafío como grupo; "tener una luz de esperanza cuando las cosas están que hierven".
Con el correr de los días, nos empezábamos a dar cuenta que era inminente un enfrentamiento en la Franja de Gaza. No solo por lo ocurrido anteriormente, si no porque
Hamás había estado bombardeando ciudades del sur. Buscando asesinar a la mayor cantidad de población civil israelí, que gracias al maravilloso invento de la
Cúpula de Hierro -sistema anti-misil-, se había podido contrarrestar. Pero, lo inevitable para los ciudadanos era tener que estar corriendo hacia un bunker, en 15 segundos, cuando las sirenas sonaban y así protegerse de un posible impacto. Ya que el sistema de defensa tiene solo un 85% de efectividad.
Más de 80 Qassam -misiles-, por día eran lanzados desde la Franja de Gaza por Hamás. Esto derivó en una obligada respuesta militar aérea de las Fuerzas de Defensas de Israel para tratar de frenar el calvario que estaban viviendo sus habitantes en todo el país. Ya que, a estas alturas,
los misiles del grupo fundamentalista islámico llegaban a ciudades del norte como Hedera o Cesárea. Aun así, todavía no se había tomado la determinación de entrar por tierra.
Mientras tanto, nosotros nos encontrábamos en el medio del Négev -desierto- que está a 30 kilómetros de Gaza, en una actividad con los beduinos. Estos últimos, son árabes israelíes que profesan la religión musulmana y que nos trataron como sus huéspedes de honor. Brindándonos hospedaje, comida y todas las comodidades para estudiar su forma de vida. Fue entonces cuando,
llegada la noche, empezamos a ver y escuchar más de 90 aviones cazas y unos 20 helicópteros. Sin internet ni ningún otro medio del cual obtener algún tipo de información, hicimos el peor fogón de la historia. Nuestra cabeza estaba en el cielo, y nuestro corazón latía más fuerte que nunca.
Sabíamos que ésto no era un juego. Había empezado la guerra.
Acto seguido,
las autoridades del plan tomaron la decisión de cancelar algunas excursiones o modificarlas. Por ejemplo: teníamos pactado una entrevista en Cisjordania con colonos israelíes e iba a ser una de las pocas veces, si no la primera, que Taglit dejaba ingresar a un grupo a los territorios. Lo mismo pasó con la visita a Sderot, una ciudad ubicada a tan solo 7 kilómetros de la Franja de Gaza, y que en ese momento estaban cayendo misiles como si fueran gotas de lluvia. Tuvimos que modificar el recorrido, hacia Tel Aviv, para evitar las zonas donde impactaban los proyectiles lanzados por Hamás. Un trayecto que demora normalmente 2 horas, lo hicimos en 4.
De no haber alterado el itinerario, habríamos vivido la experiencia de tener que salir del ómnibus y tirarnos al suelo para salvaguardar nuestras vidas. Una locura.
En pocas palabras,
estábamos siendo actores y testigos al mismo tiempo de lo que viven día a día los habitantes de Israel en momentos de guerra. Insisto con esto, gracias a que el Estado sostiene políticas para proteger a la población civil, creando el sistema anti misil "Cúpula de Hierro", las victimas pudieron ser minimizadas. De no ser así, como pasó en otras ocasiones (pocos años atrás), el sufrimiento hubiera sido mayor.
Pasaron algunos días más, hasta que
el gobierno tomó la determinación de ingresar a la Franja de Gaza. Decisiones difíciles si las hay. El ejército es el pueblo, son los hijos, los maridos, las esposas, los tíos, los primos, los amigos, etc... Son todos. Esta resolución iba a llevar a la muerte a muchos de ellos. Pero un país no puede permitir ser atacado y no desarrollar ninguna respuesta para evitar y terminar con las agresiones. Éstas que ponen en peligro la vida de todos, si no también, hacen que la gente viva un infierno día a día. Más si
la sirena suena entre 40 y 80 veces por jornada. El daño psicológico que produce esta situación es inexplicable, ni hablar de los niños o adultos de la tercera edad.
Nosotros, como grupo, sufríamos porque muchos tenemos familiares y amigos en el ejército o viviendo en Israel. Sufríamos por el dolor que nos causa la guerra y no poder comprender porque nos atacan.
Ana Frank escribió en su diario: "Algún día esta horrible guerra habrá terminado, algún día volveremos a ser personas y no solamente judíos". Pasaron 70 años y su frase sigue, lamentablemente, estando vigente. Más cuando la prensa internacional y la opinión del mundo posan sus ojos contra el único país democrático en Medio Oriente. El único, en esa zona, donde existe una convivencia pacífica entre cristianos, musulmanes y judíos. Nadie habla de los
más de 170.000 muertos en Siria o de
la guerra religiosa que hay en Irak.
La carta magna o constitución (llámese como se quiera) de Hamás expresa en uno de los puntos "Exterminar a los judíos del planeta" y también a los "infieles", estos últimos son los que no profesan el Islam como ellos. Tal es así, que en la incursión terrestre
se descubrieron cientos de túneles creados por el grupo terrorista para infiltrarse en territorio israelí y perpetrar atentados.
El pueblo gazatí es víctima de Hamás, la guerra no es con los palestinos. Es con los terroristas que los tienen de rehenes. Esos mismos que esconden armamento debajo de sus casas, que los utilizan de escudos humanos y que se alegran cuando un misil israelí mata a civiles. Esos mismos que no los dejan salir de los lugares, en donde Israel avisa que va a bombardear, para lograr esto último. La mayor cantidad de muertes civiles. Esos mismos que sus líderes viven rodeados de oro, en mansiones y gobiernan con la violencia, utilizando a menores para pelear. Esos mismos que ven la guerra como una forma de vida y no existe la paz en su concepción de ser humano.
Días atrás, estos fundamentalistas asesinaron a 20 personas que reclamaban el cese de las hostilidades. Esos mismos que si sos homosexual te asesinan, si fuiste infiel y sos mujer también. Ni hablar que estas últimas tienen que estar tapadas de pies a cabeza, si no mejor que corras.
¿¡ De qué Derechos Humanos me hablan!?. ¡Abran los ojos!, hoy somos nosotros como judíos y mañana son ustedes como infieles.
Para resumir, el #820, los ciudadanos israelíes y
los judíos en el mundo queremos la paz. Sufrimos por cada una de las bajas civiles de ambos bandos,
sufrimos por la perdida de, hasta ahora, 63 soldados (la mayoría entre 18 y 23 años). Estamos cansados de vivir con miedo. Pero, no se puede dialogar con extremistas que tienen como objetivo la eliminación de todos los judíos.
Ojalá Palestina e Israel puedan ser libres de estos amantes del terror y de una vez por todas convivir en paz.
Por último,
les dejo un video del periodista y analista internacional Julian Schvindlerman en C5N que explica en 28 minutos, y de manera sencilla, el conflicto. (Click acá para verlo)